martes, 23 de mayo de 2017

En el lugar de siempre de Ana Medrano

Desde que leí  Y en nosotros nuestros muertos supe que no dejaría pasar mucho tiempo antes de volver a leer a Ana. Y es que Ana y su Nena Castelao tienen algo que enganchan, que enamora.

En En el lugar de siempre Nena se embarca en una nueva investigación, pero esta vez de la mano de su tío Daniel. Dado le pedirá ayuda con algo que ha ocultado a su familia durante treinta años. Nuestra protagonista no dudará en tenderle la mano a su tío mientras una nueva amenaza ronda a los Castelao.

Con esta nueva novela, Ana Medrano, desmiente eso de `las segundas partes nunca fueron buenas`. Sigue la línea de su antecesora (tenéis la reseña aquí ) y nos deja conocer un poco más a Nena, pero también ahondar en el pasado de Dado, personaje que ya en Y en nosotros nuestros muertos destacaba tanto por su carisma como por lo que no nos contaba.

Junto a Nena y Dado siguen Guio y Lola, Sole y su hijo y Javier, el inspector que enamoró a Nena, y a muchas lectoras, en la anterior novela. Pero en esta ocasión es Silvana, la pareja del primer marido de Nena y padre de Guio, quien la traerá de cabeza.

De nuevo, la autora, nos sorprende con una prosa ágil y fresca; unos personajes reales con miedos e inseguridades; una historia de amor que crece poco a poco y una trama secundaria que enriquece la trama principal.

Secretos de familia, amores que crecen y otros que se estacan, personas interesadas y el amor como defensa son las bases de En el lugar de siempre.


Ana Medrano nació en Madrid en 1965, estudió Arte, vivió dos años en Londres y tiene dos hijos. A 'Y en nosotros nuestros muertos' le siguen 'En el lugar de siempre' y 'Después de tantas penas'. Actualmente la autora está dando los último retoques a la cuarta y última parte de la saga 'Nena Castelao'.

¿Habéis leído el libro? Contadme en los comentarios que os ha parecido. Sino lo habéis hecho os recomiendo que lo hagáis, yo me pongo en unos días con su tercera parte. Muchas gracias a Ana Medrano por la oportunidad de leerla.


Os deseo grandes lecturas,
 
Laura.

viernes, 12 de mayo de 2017

Tiempo de arena de Inma Chacón

Buscando información para un artículo sobre escritoras extremeñas llegué a la web de una biblioteca donde, en una de sus entradas, hablaban de unas jornadas por el día del libro donde participaba Inma Chacón. Poco después llegó a mis manos, sin esperarlo, este libro. Alguien me dijo hace tiempo que las mejores lecturas son las de aquellos libros que llegan a ti por casualidad y con Tiempo de arena puedo decir que, al menos en mi caso, esa afirmación es cierta.
 
En sus últimos momentos María Francisca, Xisca, clama por sus hijos. Con ella están su madre y sus tías, quienes no sabían que su sobrina había tenido descendencia. Mariana, su madre, niega una y otra vez que esos hijos existan, pero la insistencia de Xisca hace sospechar a Munda y Alejandra de sinceridad de su hermana. A partir de ahí conoceremos a las cuatro mujeres Camp de la Cruz, familia en la que recae el marquesado de Sotoñal, y su historia.
 
Inma Chacón habla sobre las mujeres. Habla de su fuerza y de la lucha que iniciaron contra la represión y lo intolerancia que sufrían. He leído muchos libros en los que se habla de las pioneras en la lucha por los derechos de la mujer, la mayoría ambientadas fuera de nuestras fronteras, y descubrir que esta lo está en España es uno de los motivos por los que este libro me ha enamorado. También nos inicia en la masonería femenina y de esas primeras mujeres que cruzaron la línea, impuesta por el patriarcado, allanando el camino de las que vendríamos después.
 
Tiempo de arena tiene una ambientación maravillosa. Viajaremos a Manila justo cuando empiezan las revueltas en Filipinas que acabaran con la independencia de estas de la corona española. Estas revueltas harán que el padre de las protagonistas decida volver a Toledo y será allí donde suceda toda la trama. La narración se inicia en los últimos momentos de vida de Xisca y la autora alterna el pasado y el presente para contarnos la historia de Mariana, Munda, Alejandra y Xisca.
 
Los personajes son para mí lo mejor de esta historia. en un principio pueden parecer estereotipos de la época en la que transcurre, pero conforme avanza la lectura las protagonistas sacarán todo su carácter y lucharan contra lo que les pongan. Mariana, la marquesa de Sotoñal, es altiva y fría y hará todo lo posible por mantener las apariencias. Munda es inteligente, vital y saca de quicio a Mariana; nos enseñará que el amor lo puede todo. Alejandra, la más pequeña de las hermanas, es una mujer adelantada a su tiempo, estudiará una carrera de hombres en una época (principios del siglo XX) en la que eso solo era un sueño y vivirá el amor a su manera. Xisca, la hija de Mariana, sufrirá un revés siendo muy joven que la marcará hasta el día de su muerte.
 
Inma Chacón es doctora en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y profesora de Documentación. Ha sido decana de la facultad de Comunicación y Humanidades en la Universidad Europea. Fundó y dirigió la revista digital Binaria : Revista de Comunicación, Cultura y Tecnología . La princesa india (Alfaguara) fue su primera incursión en el mundo de la narrativa seguido por  Las filipinianas (Alfaguara).
 
Nació en Zafra, Extremadura, en 1954. Su padre, Antonio Chacón, que fue alcalde de Zafra, tenía inquietudes literarias: escribía poemas con el seudónimo Hache y leía poesía a su familia. Falleció cuando Inma tenía 11 años. María Gutiérrez, la madre, partió al año siguiente a Madrid , donde se instalaron.
 
Inma dice que aprendió a leer literatura "muy pronto": "Mi padre era poeta y mi madre ha sido una gran aficionada a la lectura, así es que desde muy jovencita ella nos elegía los libros".
Ha sido columnista de El Periódico de Extremadura desde fines de 2005 y colabora con diversos medios.
 
Su primera novela, La princesa india es un homenaje a su hermana, pues era una historia que ella quería escribir cuando enfermó del cáncer que terminaría con su vida en 2003. Dulce le pidió a Inma que realizara ese proyecto.
 
Tiempo de arena es una novela llena de secretos y dolor pero también de amor y nuevas oportunidades, de tiempo para pensar y perdonar. Una historia donde la felicidad y la tristeza se mezclan como lo hace en la vida de cada día, con sus luces y sus sombras.
 
Os deseo grandes lecturas,
 
Laura.

viernes, 5 de mayo de 2017

La (re)vuelta de los clásicos



Queridos clásicos:
Intentar definiros sería como pretender cruzar el Pacífico en una balsa hinchable llena de agujeros. Hay quién dice de vosotros que sois la esencia de la literatura actual, la sangre que hubo de derramarse para que otros tuviesen un hilo del que tirar. Pero también tenéis vuestros detractores. Esos que dicen que sois morralla, aburrimiento y que os habéis llevado una fama inmerecida.
No quiero definiros y, a la vez, necesito hacerlo. Tampoco quiero caer en los tópicos aunque no encuentro otra manera de hacerlo que repitiendo lo que ya se ha dicho de vosotros. Rosa montero dice en ‘El amor de mi vida’: [...] son esos libros inabarcables y tenaces que, aunque pasen las décadas y los siglos, siguen susurrándonos cosas al oído. Esa es, sin duda, la esencia de un clásico. Sus tramas no pasan de moda (y no me refiero solo a la parte literaria), ya que las bases en las que están apoyadas son de una solidez aplastante. Os pongo algún ejemplo:
Hace algo más de un siglo ‘Veinte mil leguas de viaje submarino’ cosechó grandes críticas (positivas y negativas; porque nunca llueve a gusto de todos) por ser una mezcla de novela de aventuras y ciencia ficción, pero hoy ese submarino es real y también hay por ahí algún que otro capitán Nemo. A mediados del siglo pasado George Owell publicó ‘1984’, una distopía que se basa en un desconocido que vigila los movimientos de toda una sociedad para que nada ni nadie se salga del cuadro que él ha pintado, algo que no ha tardado mucho en ser una posibilidad muy cercana a la realidad. En 1973, el grandísimo Michael Ende nos regaló ‘Momo’, distopía infantil que nos habla de como perdemos el tiempo en banalidades y como dejamos que nos lo roben.
Y hablando de robar el tiempo ¿recordais las listas de lecturas obligatorias? Todos hemos sentido escalofríos cuando al empezar el curso nos daban la famosa lista (sí, los lectores también. Somos mortales, al fin y al cabo), ya que traían consigo a los temidos, odiados y en algún extraño caso, como el mío, esperados libros clásicos. Las esperaba con tantas ganas que cuando leía nombres como Bécquer, Lope de Vega o Cervantes me revolvía incómoda en la silla y me daban sudores. ¿El motivo? Ya eran viejos conocidos. Y yo quería mundos viejos, pero nuevos para mí.
Recomendar a un lector un clásico es como plantarse en mitad de un tiroteo y esperar que ninguna bala te toque. La realidad es que estás buscando la bala que lleva tu nombre, pero la satisfacción de escuchar: ‘pues me ha encantado’, te cose la cicatriz. Italo Calvino decía: ‘Los clásicos son libros que cuanto más cree uno conocerlos de oídas, tanto más nuevos, inesperados, inéditos resultan al leerlos de verdad’. No tengo nada que añadir.
Y queriendo hacer volver a la mula al trigo, os cuento que me crié en una casa en la que vivían seis personas más, ninguna de ellas leía por lo que solo tenía a mano los libros de lectura obligatoria de mis hermanos mayores. Libros que eran leídos para los trabajos de clase y después eran abandonados en una caja. De esa caja nació mi amor a este género. ‘El camino’ de Miguel Delibes y ‘Los escarabajos vuelan al atardecer’ de María Gripe fueron devorados sin piedad durante los largos, tórridos y salvajes veranos extremeños. Pero también tuve pesadillas por culpa de las leyendas de Bécquer y me sacaba de quicio la lírica de Lope de Vega. Por eso la entrega de las dichosas listas acabaron siendo mi momento favorito del curso. Tachaba los ya leídos y me iba directa a por los que se mostraban nuevos y relucientes para mí.
¿Y a qué viene todo este discurso? Pues al simple hecho de que los clásicos os estáis revolviendo, gritando un aquí estoy imposible de ignorar. En un siglo en el que publicar un libro ya no depende del respaldo de una editorial, donde las novedades te aturullan y la oferta literaria se desmadra muchos huimos despavoridos a refugiarnos en la apacible y extraña paz que dais esos libros que todos conocemos, que llevan años invadiendo nuestro espacio, nuestra lista de eternos pendientes. Los hemos cogido, manoseado y devuelto a su lugar porque si llevan décadas esperando, que más da una semana más. Pero entre tanto autor nuevo y tantas terceras partes de historias que ya pensábamos cerradas, los clásicos habéis iniciado vuestra reconquista ofreciéndonos una mirada nueva a lo que ahora vivimos. Porque muy pocas de las cosas que suceden (y de las que se escriben) hoy son realmente nuevas.
Mis queridos clásicos, creo que a pesar de mis intentos no conseguiré convencer a muchos de que estáis ahí desde siempre para revolvernos el pelo, las enaguas y curarnos algunas heridas. Me conformo con que tan solo uno decide sacar de su encierro a Darcy y Bonnet para enamorarse; a Bastián y Fuyur para volar por toda Fantasía; para ayudar a Momo y Casiopea a luchar contra los Hombres Grises; a la familia Buendía; a Ana Ozores; a Lolita; o para escuchar decir a Sherlock: 'Elemental, mi querido Watson'; para amar Frankenstein o salir a investigar con Guillermo de Baskerville. De una manera o de otra, vosotros solos os bastáis para iniciar una y otra vez vuestra (re)vuelta.
Laura.